Si os he dicho cosas terrenales y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales? Jesús.
Este es el momento del regreso a casa de la familia galáctica.
Regresar no es viajar para atrás como se supone, es viajar hacia dentro, donde atesoramos el hilo conductor del gran sueño, el cordón de plata.
Regresión no significa echarse para atrás, sino buscar el principio de la madeja.
El principio del propósito final.
Porque el propósito de este juego es renacer, no morir. Por eso es un juego: divertido es jugar sin preocuparse de cuándo se acaba.
Los niños juegan el partido, los adultos disputan el marcador, esa es la diferencia.
Regresar a casa es recordar el camino. Acordarse del cuento de Hansel y Gretel, entre más cerca estás más entusiasmo sientes, tu alma anda loca de contenta.
La humanidad lleva tiempo gestando un ser de luz colectivo, la Madre Tierra está embarazada.
Las contracciones y mareos ya hacen olas en la tierra y temblores en el mar. Los volcanes están a punto de ebullición. Los invitados celestiales ya revoletean entre nosotros cual embajadores presentando sus credenciales cósmicas.
La nueva conciencia colectiva se está formando de nosotros, de nuestros pensamientos e intenciones.
La ciencia y la religión se dan la mano, un paso adelante. El hombre y la naturaleza se abrazan a la tierra presente que ya concibió otro futuro.
En este contexto, las miradas de la familia galáctica se reúnen de nuevo en la tierra y se forma la hermandad del Cristo Cósmico.
Luz suficiente como para despegar rumbo a casa en el 2012.
Divulgar es una palabra precisa para la misión: divulgar que la salida está hacia adentro; divulgar que el reino del amor es la tierra; divulgar que el niño interior recuerda el camino; divulgar que por la puerta celestial cabemos todos; divulgar que la fe es la invitación a entrar.
Somos la familia galáctica y vamos de regreso a casa.