...crónicas en el Despertar

"Todo es señal y enseñanza para el que sea capaz de despertar." - Jacobo Grinberg Zylberbaum

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Prueba de Fé
 Santiago Pando 

 

Durante una entrevista que me hizo Lynn Fainchtein para la revista Rolling Stone, agosto del 2003, ella me decía: A tres años parece que todo fue un sueño, porque no pasó nada.

 

-Aún no acaba de pasar. Fue lo único que logré contestarle.

 

En esa entrevista, y en muchas otras, yo todavía defendía a Fox argumentando que pronto regresaría a su corazón y retomaría el rumbo del cambio anunciado.

 

Defendía lo indefendible (quería que pasara afuera lo que no acababa de sucedernos por dentro).

 

Aún no me daba cuenta de que todo lo que estaba aconteciendo era lo que tenía que pasar, por más que no sucediera en la forma en que por lo menos yo lo había imaginado. El plan divino es mucho más inteligente que nuestra visión limitada de las cosas.

 

Me dolía la realidad, esa era la verdad.

 

Y me sentía en parte responsable. Al final yo había creado la campaña de comunicación que había entusiasmado a millones por el cambio.

 

Por ese motivo, le publiqué una carta abierta al Presidente en el periódico Reforma.

 

En ella le pedía a Vicente, el ser humano, que recordara que había llegado a la presidencia a través de la visión ciudadana.

 

Le decía que lo habían atrapado las mismas formas del viejo sistema: el miedo disfrazado de prudencia.

 

Le explicaba que en el colectivo había una voz cada vez más poderosa: la opinión pública. Y que lo que esa voz quería, no estaba sucediendo en el país.

 

Terminaba la carta diciéndole que necesitaba reconectarse de nuevo con su corazón para recuperar la fuerza del poder ciudadano.

 

Esa carta se la había entregado en mano a Fox, junto con mi hijo Daniel, en los Pinos previa su publicación.

 

La única respuesta obtenida fue el silencio. Él siguió evadido de la realidad y gente muy cercana siguió beneficiándose de su ausencia.

 

Por consiguiente, para no decir como consecuencia, meses después el aparato se nos vino encima (comprobamos lo que muchos ya pensaban: el viejo sistema de complicidades e impunidad seguía intacto, como antes del 2000).

 

A principios del 2004 detienen a mi suegra, Doña Artemisa, acusándola de ser la jefa de una banda millonaria que traficaba con migrantes.

 

Era una burda fabricación que no coincidía ni con la realidad ni con el mínimo sentido común. Mi suegra trabajaba como asistente de mostrador en el Instituto Nacional de Migración. Ganaba menos de 5,000 pesos mensuales, no tenía auto y sus ahorros de toda la vida no sumaban ni siquiera 50,000 pesos.

 

Pero el golpe estaba dado y había que enfrentarlo.

 

No era culpa de nadie, sino responsabilidad nuestra. Así lo quisimos ver.

 

Juntos como familia decidimos hacer lo contrario a lo acostumbrado en estos casos: denunciamos el atropello públicamente. No queríamos ser víctimas.

 

Lo tomamos como una dura prueba de fe que había que pasar.

 

Si en verdad creíamos en la enseñanza de creer es crear, teníamos que llevarla a la práctica ahora con nosotros mismos (los guías superiores no se cansaban de repetirme que confiara, que todo tenía un propósito).

 

La luz de la verdad es más poderosa que las oscuridades del miedo. Y en este caso estábamos frente al verdadero aparato del miedo.

 

Nuestra intención era lograr, con la difusión de nuestra voz en los medios de comunicación, que una buena mayoría de ciudadanos creyeran en nuestra verdad. Entre más luz metiéramos al caso, más poder tendríamos como para crear una realidad diferente a la oficial.

 

Nos dijeron que era un suicidio lo que habíamos hecho: en este país nadie se enfrenta a la autoridad de manera pública, nos decían una y otra vez.

 

Nuestro único error fue haber personalizado la denuncia. Y ese error terminó siendo otro gran aprendizaje: nada es personal.

 

Con el corazón en la mano y con la fe puesta en la luz de la verdad, sostuvimos durante dos años un enfrentamiento público contra el aparato del miedo, que a nadie se lo deseo.

 

Una vez más: razón del sistema contra verdad ciudadana.

 

Finalmente, Doña Artemisa fue declarada inocente, tal cual como nosotros lo dijimos desde el primer día.

 

Todo aquel que conozca como se maneja el asunto de la justicia en México, sabrá que lograrlo en la forma en que lo hicimos, resultó siendo casi un milagro.

 

Para nosotros fue un curso intensivo de espiritualidad que nos dejó exhaustos. Así que decidimos movernos, mudarnos de ciudad, para ver desde otra perspectiva lo que había pasado.

 

La última mudanza debe ser la más ligera, canta Café Tacuba.