Mis Compañeros de Viaje
Santiago Pando
El viaje interior es emocionante, desconcertante y a veces peligroso. No estoy seguro de haber podido aguantar lo vivido estos años sin la compañía de Tisa, mi mujer de las otras vidas, y el fruto de su vientre, Daniel.
Lo cierto es que la locura, toma de conciencia, es contagiosa porque ellos también iniciaron su propio viaje interior.
Tisa tenía apenas quince años cuando a mis diecisiete iniciamos nuestra relación. Somos almas gemelas.
Hemos crecido juntos en las buenas, en las mejores y en las duras. Es la persona más fiel que he conocido y ha sido más íntegra para conmigo de lo que yo con ella.
Gracias a su amor conocí a mi mejor amigo de la vida.
Daniel es un hijo de su Tisa madre. Honesto y transparente como yo hubiera querido serlo a su corta edad.
Mi frase que mejor lo define es: cuando sea grande quiero ser como Daniel.
Nació piscis y es artista. Y le ha tocado vivir de cerca nuestro terremoto. Y salir raspado también. Es afortunado porque ha vivido cosas muy fuertes y trascendentes en sus primeros años. Por lo que ha desarrollado una conciencia y una claridad que me sorprenden. Es un faro de luz.
Ambos han sido mis compañeros de viaje ideales y deseados.
Ellos representan la maestría y la humildad. El amor incondicional. La congruencia y el compromiso. Han sido y son mi ejemplo a seguir.
El camino de Santiago en España nos enseñó, a los tres, que es mejor viajar ligeros y es más divertido caminar juntos.