La Dimensión del YA
Santiago Pando
Durante la campaña presidencial del 2000 empecé a recibir, a través de meditaciones, mucha información que me ayudaba básicamente a observar la realidad nacional ya no desde una perspectiva personal sino desde una panorámica cósmica. Es decir, ya no miraba de forma parcial sino a través de la mirada periférica de los Mayas, que es 360 grados.
Me di cuenta que era imposible lograr un cambio de paradigma desde el mismo terreno que fue creado.
Había que mover a otra dimensión el juego. Estábamos en el mundo de las formas de la razón, era necesario entrar al reino del fondo del corazón.
El corazón es otra dimensión, distinta a la razón que nos habían impuesto. Es una vibración más alta. Más poderosa. Más profunda. Más contagiosa. Su poder es el amor. Y contra el amor no hay razón que pueda.
El mundo de las formas basa su poderío en el miedo.
Miedo a perder lo que nunca hemos ganado: vaya trampa.
Y miedo al cambio: más vale malo por conocido que bueno por conocer.
Nos habían hecho creer que las cosas en México nunca iban a cambiar. Y como nos daba miedo, lo creíamos, y al final no cambiaban. El miedo paralizando la acción.
Sólo desde el corazón era posible lograr un cambio histórico de esa magnitud. Cambiar las creencias establecidas para crear una nueva creación.
El corazón es la vibración del ahora.
Teníamos que romper la inercia en el colectivo nacional para que el pasado dejara de repetirse en el futuro. Crear un sueño que creyera posible una mayoría de ciudadanos. Imaginar un México distinto al que conocíamos. Romper la barrera mental del piensa mal y acertarás. Y tenía que ser ahora.
Ya es el tiempo. Ya se puede. Ya somos muchos. Ya estamos juntos. Ya es ahora. Ya la hicimos. Ya ganamos.
La campaña del YA terminó siendo la entrada a la otra dimensión, la del corazón. Y nos metió de lleno en la vibración del aquí y ahora.
Sólo desde el ahora se puede crear una realidad distinta a la existente. Y sólo desde el ahora se puede creer en la posibilidad de crear otra realidad. Es cuando es posible creer y crear al mismo tiempo.
El ahora es la dimensión de la creación: la puerta al más allá del mundo de las formas.
La razón sólo puede sobrevivir en el pasado o en el futuro: la luz del ahora delata a muerte el tamaño de su media verdad.
El YA también era un grito ciudadano de valor y de honor.
Era el paso siguiente al Ya basta zapatista del 94. No es casualidad que el primero haya surgido de zona Maya. Y el segundo fue inspirado por ellos. El plan divino es mucho más grande que la visión que cada uno de nosotros pueda tener.
Desde arriba somos un todo. No hay izquierdas ni derechas, ni buenos ni malos, porque todos somos uno.
Otra enseñanza fue el comprobar que el imaginario colectivo es un ser vivo que se alimenta de nuestros pensamientos.
Uno crea su propia realidad a través de los pensamientos, pero también contribuye a la creación del pensamiento colectivo.
Fue cuando me cayó el veinte del porqué nos habían educado a pensar en negativo: piensa mal y acertarás.
Nuestro pesimismo crónico, tan acogido por los intelectuales, tenía una razón poderosa de existir: la subsistencia del sistema del miedo.
El aparato, antes que nada, es un sistema de creencias. Es lo que mantiene el estado de las cosas.
Para cambiar el estado de las cosas hay que creer en algo más grande y poderoso. Verdad versus razón.
Creer en uno, ese fue el motor del movimiento masivo.
Y al final ganó el poder de la verdad de cada uno sumado a una gran verdad colectiva. La verdad de la inmensa mayoría de los niños y los jóvenes que se unieron a la campaña de manera natural y espontánea.
La vibración del corazón es donde viven los niños, que fueron quizá el factor decisivo, aunque no votaron, para lograr finalmente el cambio. Los niños son la conciencia más elevada del país, y ellos tomaron su decisión mucho antes que lo hicieran los votantes.
Imposible de entender desde la razón, como toda gran verdad.
Lo que sucedió el 2 de julio del 2000 fue, principalmente, un acto masivo de desobediencia civil. Un acto de fe donde una buena mayoría desobedeció las razones del sistema y escuchó sólo a su corazón.
Sólo cuando se logra ver desde esta perspectiva el cambio histórico del país, se puede entender el momento culminante al que estamos llegando juntos, como conciencia colectiva, en México.
Ese dos de julio fue el primer gran ensayo rumbo a la ascención colectiva del 2012.
Sólo que aún faltaba recorrer lo más difícil del camino: la confusión inherente a todo cambio de paradigma.