...crónicas en el Despertar

"Todo es señal y enseñanza para el que sea capaz de despertar." - Jacobo Grinberg Zylberbaum

Inicio     Eventos     Blog     Invitados     Letras de Santiago Pando     Fotogalería     Sitios de Interés     Reseñas de Libros     Tienda Virtual     Acerca de nosotros     Contáctanos      
Accionar la Vida
Palabras Galácticas
El Camino del Yo Soy
Mis Compañeros de Viaje
Conexión Maya
La Dimensión del YA
Prueba de Fé
Creer es Crear
La Fuente
Dios en Uno
Nave 2012
La Familia Galactica
Regresando a Casa
Siempre hay otro camino
Todos en Uno
Espejismo
Visiones
Uno Dos Tres por Mi
El Mundo Imaginario
Dos Peliculas
Eres Estrella
Nacemos Libres
Reino de los Cielos
La Verdad es Ahora
La Gran Elección
La Guerra de los Dioses
Amando
Recordar Para Renaer
Creer en lo Extraordinari
Antonio Velasco Piña
Mudanza
Lo Que Dice El Loco
Sangre Azul
El Espejo Humeante
Cambio de Estrategia: Ama
Libros
Desatar el Nudo
México
La Experiencia
El Amor es Mutuo
Fluir es Entregarse
Reencarnando
33 Días. Creer es Crear
Una Dos Tres por mi
Apuntes
Perder la razón
Los hechos figuran una ev
Conexión Maya
Santiago Pando
 

Hastiado de mi posición como presidente de una trasnacional de publicidad, decidí pedir unas largas vacaciones de 40 días.

Nos fuimos en auto hacia la zona Maya. Era el verano de 1999.

 

Ya para entonces había iniciado mi transformación interna, un tanto a ciegas, pero ya sentía la diferencia entre la razón y la verdad. Ya percibía fácilmente el olor a la mentira con el cual tantos años conviví sin darme cuenta. 

Ya sabía dónde no quería estar, sólo que aún no encontraba la forma de salir.

 

¿Por qué decidimos ir la zona Maya? Por placer, más que por otra cosa. En esa época los Mayas eran todavía algo lejano y desconocido para mi. A nivel racional poco o nada tenía que ver mi vida con la de ellos. Mi familia por parte de mi papá viene de España y el papá de mi mamá era italiano. Sólo mi abuela materna era mexicana, de Guadalajara Jalisco. Yo crecí un tanto rodeado de ese falso sentimiento de superioridad que existe en México entre los descendientes de europeos que ven a los indígenas como inferiores.

 

El prejuicio racial es uno de los complejos más idiotas que tenemos como país.

 

En la zona Maya empecé a tener una conexión que nunca antes había sentido. Era una vibración nueva pero a la vez la sentía muy familiar. Todo me hablaba, desde las piedras de las ruinas arqueológicas hasta los árboles de la selva. Palenque fue el principio del contacto. Caminando entre sus palacios se me vino a la cabeza la idea de que probablemente yo había sido maya, en alguna otra vida. Fue la primera vez que me apareció en la mente el año 2012. Y también la primera vez que tomé conciencia sobre la reencarnación.

 

Después de recorrer Campeche y Yucatán, llegamos al mar caribe y nos instalamos en Playa del Carmen, un lugar que se nos acabó tatuando en la piel. Y fue precisamente en Playa del Carmen donde conocí, intempestivamente, al primer maestro Maya. Para mi, maestros son los que me han enseñado a reconocer quien soy.

 

Una noche estaba junto a Tisa, sentados sobre unas barcas de pescador, afuera de un pequeño bar frente al mar (Daniel se había quedado en el hotel dormido, tenía apenas 10 años). De repente, literalmente de la nada, aparece frente a mi un indígena, chamán chiapaneco supe después, que sin tregua alguna me empezó a hablar de lo que me venía por delante.

 

Me dijo que me iba a involucrar en un movimiento de conciencia, que se iba a acelerar mi vida, que empezaría a recibir mucha información, pero que no me preocupara, que todo era parte de un plan superior. Después se fue a hablar con Tisa. A ella le habló de cosas más terrenales.

 

Mientras el chamán chiapaneco, se llamaba Don Isidro platicaba con Tisa, otra persona que venía con él se me acercó. Se llamaba Víctor y no era indígena, al revés, parecía como del norte. Me pidió permiso para bautizarme con luz, cosa que hizo poniendo su mano abierta arriba de mi cabeza mientras con la otra hacía tierra. De repente estaba metido en una regadera de luz que me bañaba por dentro hasta que yo mismo pedí parar porque fue demasiada energía. Acto seguido, como si así lo hubiésemos acordado antes de llegar a esta vida, ambos se fueron casi sin despedirse.

 

Se fueron dejándonos sorprendidos y sin palabras. Decidimos regresar caminando en silencio por la playa hasta nuestro hotel. Al llegar nos quedamos un rato sobre la arena, recostados.

 

Yo tenía los brazos abiertos mientras miraba detenidamente las estrellas del cielo. De pronto sentí que de mi frente salía un triángulo primero, un cuadrado después y por último un círculo que se elevaban hacia el cielo. Eran de luz y de colores azul, rojo y verde. Después se abrió como una compuerta en la bóveda celeste de donde emergió la figura del Cristo Cósmico formada de pura luz. Era una imagen parecida al Cristo de Río de Janeiro, pero de un tamaño descomunal y de una belleza que me hizo llorar. Y así como surgió, en unos instantes, al intentar mi mente razonar el suceso, desapareció.

 

Era el 25 de julio, el día fuera del tiempo de los Mayas. Y día sagrado del camino iniciático de Santiago de Compostela. La semilla de un sincretismo entre Cristo y los Mayas se sembró esa noche en mi corazón.

 

Al otro día, un periódico local anunciaba la formación de una cruz planetaria durante esos días en el cielo, alineación galáctica que no sucedía en siglos, según la nota del diario.

 

La palabra sincronía empezó a latir en mi corazón.

 

Un mes más tarde, asistí en Chapala Jalisco a un taller de psicomagia con Alejandro Jodorowsky. Recuerdo que al tercer día, el último, una persona le preguntó si él había hecho alguna vez un acto de psicomagia colectivo, contestó que no. Pero dijo que creía que un país ideal para ello era México por su magia, su espiritualidad y su tremenda fe.

 

Al regresar de Chapala, ya presentía por dentro que algo grande se estaba gestando. Pronto sabría lo que era.

 

A los cuarenta días exactamente, septiembre de 1999, estaba presentándole a Vicente Fox, entonces candidato a la presidencia de México, una campaña de comunicación basada en la enseñanza Maya que había empezado a recibir y en un acto de psicomagia colectivo. Previamente me habían invitado a un concurso para manejar su imagen publicitaria.

 

Como no sabía nada de las formas políticas, había decidido presentar una campaña que rompiera con todas esas formas: comunicación directa al corazón. Para mi sorpresa fue aprobada unánimemente.

 

La publicidad me había abierto una puerta que no tenía contemplada: el cambio político. Las palabras de Don Isidro-te vas a involucrar en un movimiento de conciencia- me retumbaron en los oídos.

 

Renuncié a la presidencia de la agencia de publicidad inglesa para dedicarme de lleno a la campaña que terminó siendo el parteaguas histórico del año 2000.