Mi primer contacto con la espiritualidad lo tuve muy joven a través del libro Regina. Por algún motivo que antes desconocía, el movimiento del 68 siempre me causó una atracción especial.
Y el libro de Don Antonio Velasco Piña me cautivó. Desde el principio supe que no era una novela, sino una historia real, que tenía que ver conmigo sin saber aún porqué. La semilla estaba plantada. México era la tierra sagrada donde la serpiente se transformaría en águila. Serpiente emplumada.
Conocer a Don Antonio, muchos años después, ha sido uno de los regalos más grandes que me ha dado la vida. Un Maestro ejemplar, de esos que jamás te dirán que lo son.
Sembrar conciencia a través de la palabra es su misión. Es un sembrador de luz.
Un pionero galáctico.
Él dice, con la humildad que lo caracteriza, que sólo es el testigo.
Y ahora en México la mujer dormida está dando a luz tal como lo profetizó Don Antonio.
Escucharlo hablar de historia desde el punto de vista espiritual, es un remanso de paz. Y un deleite.
Habla como Maestro. Parece Maestro. Tiene el conocimiento de los Maestros.
Don Antonio Velasco Piña, uno de mis grandes Maestros.